UN CUENTO DE HADAS: HAZ DE LUZ

Un haz de luz sobrevolaba mi habitación a escasos centímetros del techo, no parecía tener origen y su destino era incierto, a medida que se acercaba a mi nariz, mi cuerpo -que estaba recostado en la cama- se inmovilizaba con mayor decisión, como si esa luz lo provocara. No tenía miedo ni tampoco felicidad, la sensación principal que me había colonizado era la intriga, saber que era, cuál era su propósito y cuando se iría.

La luz que proyectaba era tanta que no me permitía diferenciar ninguna forma, el color se asemejaba al del atardecer de un día soleado, tenía el tamaño de una aceituna y emanaba un perfume de esos que se convertían en la mano a la que la Pantera rosa -embobada- no podía evitar perseguir.

Era tan silenciosa en su vuelo que, menos por mi nulidad motriz que sensorial, se escuchaban los ladridos del perro que ladra todas las noches al momento de salir de su casa, expresándose en agradecimiento para con su dueño al haberle permitido pasear y cumplir con sus necesidades luego de haberlo esperado todo el día.

Al posarse suavemente en mi nariz y rozarme con sus alas distinguí una figura femenina en el interior de aquella luz que parecía intentar comunicarme algo que yo no podía entender. No emitía sonido alguno y se manejaba con lenguaje de señas, señas incomprensibles al menos para mí. Se la notaba cansada, preocupada, pero no por eso dejaba de mover sus pequeños brazos compenetrada con el arduo trabajo de hacerse entender, una tarea que parecía casi imposible.

Menos por sus señas que por el ladrido del perro del vecino mis ojos se dirigieron hacia la ventana que da a la calle y fue en ese momento cuando el hada saltó de mi nariz y se dirigió hacia allí con total seguridad, y como si fuera el perro del vecino giró para mirarme. Sin que mi cerebro le diera la orden de hacerlo, mi cuerpo se levantó de la cama, mi brazo derecho se elevó hasta alcanzar la correa de la cortina levantándola un poco, mi brazo izquierdo se estiró para correr la ventana que estaba cerrada, y permitir así que la pequeña luz retome su camino, que nunca me contó cual era y que tampoco pude preguntarle. Entonces comprendí que la ayudé a salir de una habitación a la que había entrado por error y me pregunté la habitación de quien creería que era.

Antes de irse, giró nuevamente, agradeciendo la estadía y su sonrisa se iluminó todavía más, hasta perderse en el medio de la noche. Al girar, mi habitación todavía permanecía iluminada por el color del atardecer, y mientras me recostaba y me volvía a tapar con la frazada, se fue desvaneciendo a la par en que yo me dormía, con una sonrisa entre mis labios.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.